Llegamos por fin al desenlace de la tetralogía de Mishima, en el que se nos presenta a un Honda en sus últimos años de vida, en los cuales busca (¿con mala fortuna?) a la nueva reencarnación de Kiyoaki.
Se trata de una obra que rebosa de un gran pesimismo y un rechazo hacia la modernización/occidentalización del país, a la vez que hallamos algunos episodios de una marcada crueldad protagonizados por Tôru. Este ambiente encaja perfectamente con lo que el autor debía sentir en sus últimos momentos, por lo que es doblemente interesante.
¿El desenlace? La verdad es que la impresión general que me ha dejado es la de que toda la historia ha sido un sueño, un precioso sueño que ha servido de pretexto para presentarnos distintos temas a lo largo de la tetralogía. Como siempre he dicho, es una lectura imprescindible.


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